
Santo Domingo.— La sociedad dominicana atraviesa un clima de profunda angustia ante el aumento de casos de abuso, desapariciones y crímenes contra niños y adolescentes, una situación que se intensificó durante 2025 y que continúa generando alarma en este inicio de 2026.
El temor se percibe en los hogares, en las calles y en los espacios comunitarios. En iglesias de distintos credos, el clamor es unánime: oraciones por la protección de la niñez, en medio de una realidad que mantiene en vilo a miles de familias.
Margarita Mercedes, abuela y cuidadora de diez nietos, resume el sentimiento de muchos: “Cada vez que escucho una noticia sobre niños desaparecidos, el miedo se vuelve personal”. Su testimonio refleja la preocupación de padres y madres que sienten que el peligro ya no es distante, sino cercano y cotidiano.
Ciudadanos consultados coinciden en que estos hechos evidencian una crisis social profunda, marcada por la pérdida de valores, la desintegración familiar y la falta de supervisión y acompañamiento a niños y adolescentes.
Más allá de las respuestas reactivas de las autoridades, la población reclama medidas preventivas que comiencen en el hogar y se fortalezcan en las escuelas, iglesias y comunidades. Asimismo, aunque de manera marginal, ha surgido el debate sobre la necesidad de sanciones más severas contra los responsables de estos delitos, reflejando el nivel de indignación y urgencia que atraviesa la sociedad dominicana.
La demanda es clara: proteger a la niñez debe convertirse en una prioridad nacional, con acciones coordinadas que devuelvan la confianza y la seguridad a las familias.