
Momentos de máxima tensión se vivieron en un vuelo de American Airlines cuando el capitán se vio obligado a desafiar las órdenes directas de la Torre de Control para salvar una vida. El piloto solicitó un aterrizaje de emergencia inmediato al reportar que un niño estaba convulsionando en la cabina.
La respuesta de los controladores aéreos fue negativa: la pista estaba cerrada y reservada para el paso de un avión presidencial.
Lejos de acatar la orden y mantenerse en el aire, el capitán lanzó una sentencia directa por la radio: «Puede suspenderme, quitarme la licencia o desterrarme para siempre pero no me quedaré de brazos cruzados mientras muere un niño por una pauta politica» Ignorando el bloqueo VIP, ejecutó el aterrizaje de manera exitosa, permitiendo la atención del menor y poniendo la ética humana sobre el protocolo diplomático.